Temas y Reportajes 

Chile vive uno de sus momentos políticos y sociales de mayor complejidad, desde que hace exactamente un mes (18 de octubre), estalló una crísis nunca vista en su historia reciente. El gobierno derechista de Sebastián Piñera no ha logrado controlar el orden público. Durante un mes, Chile ha estado en constante agitación.

“Chile despertó” ha sido uno de los slogans de las marchas multitudinarias que se vienen celebrando todos los días en las principales ciudades del país. Una de las marchas nunca vístas en Santiago reunió a casi 2 millones de personas.

 

Las protestas repentinas y las manifestaciones diariamente en las calles habrían sido una situación sorpresiva en cualquier otro lugar. Pero ocurrió en un país que era con frecuencia elogiado como un ejemplo de éxito económico en Latinoamérica y por eso ha conmocionado al mundo.
Los únicos que no están sorprendidos son los chilenos. En el caos ven ahora un ajuste de cuentas.

“La verdadera tragedia que ocurre en Chile no es el conjunto de saqueos e incendios que los noticiarios se han esforzado en mostrar constantemente, es la indolencia de una clase política y empresarial habituada tanto a sus privilegios, como al uso de la fuerza para defenderlos”, escribió Galo Ghigliotto, director de la editorial de la Universidad de Santiago, en CTXT.


El reventón del gran estallido social chileno se produjo cuando el Ministerio de Transportes anunció una nueva alza en los pasajes del Metro de 30 pesos, dejando el valor del pasaje en 830 pesos.


Dos días después los estudiantes secundarios y universitarios se organizaron para evadir el pago del Metro en masa. Los jóvenes saltaron los torniquetes hacia los andenes sobrepasando la capacidad de los guardias. Y fué entonces cuando el gobierno chileno cometió su primer error en el manejo de esta crisis: cerró los accesos en todas las estaciones y mandó policias fuertemente armados para aquietar los desórdenes.

Para entender el resto, es necesario volver al pasado: a la dictadura de Pinochet y sus efectos. Chile no ha tenido un proceso reparador y satisfactorio, la mayoría de los crímenes de lesa humanidad están todavía impunes, y los pocos uniformados encarcelados por estos crímenes cumplen sus condenas en cárceles de lujo.


Pinochet murió como senador vitalicio a las 91 años, siendo velado con honores como ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Otra expresión de la dictadura es la instalación del modelo neoliberal y la Constitución de 1980. Se privatizaron los servicios básicos, la educación, la salud, los fondos de pensiones, las empresas mineras, el agua, la luz, las carreteras y todo lo que pudiese ser privatizado eliminando una serie de derechos coailes, sometiendo a la mayoría del país a vivir en estado de precariedad.


El presidente Piñera desplegó las fuerzas militares en las calles de Chile, por primera vez desde la transición del país a la democracia. Sin duda fué la gota que rebalsó el vaso. Cuando esto no funcionó para calmar las protestas, Piñera apareció en televisión para pedir perdón y prometer pensiones más altas, mejor cobertura médica, impuestos más elevados para los ricos y recortes salariales para los políticos. Luego le solicitó la renuncia a todo su gabinete. Pero, los manifestantes no estaban convencidos, ni le creyeron.

El sistema de pensiones es uno de los puntos que más rechazo concita en la sociedad chilena. Las Administradoras de Fondos de Pensiones invierten en los mercados en busca de rentabilizar sus fondos y obtienes beneficios millonarios pero no entregan pensiones dignas a los jubilados, que reciben mucho menos dinero del que ganaban cuando trabajaban. Miles de ancianos chilenos viven en la miseria, sin recursos de salud y en muchos casos sin un hogar digno en sus últimos años de vida.

Según la Superintendencia de Pensiones, el promedio de las pensiones de vejez pagadas en el mes de agosto fue de unos 220 dólares, poco más de la mitad del sueldo mínimo  que está en 422 dólares mensuales. Paradójicamente, los miembros de las Fuerzas Armadas y los Carabineros cotizan en un sistema aparte de reparto que ofrece solo para ellos jubilaciones mucho más elevadas.

La educación de baja calidad y los universitarios endeudados, es otra mecha del caos.

La salud pública es precaria y la privada es discriminatoria. Los trabajadores deben cotizar al menos el 7 por ciento de sus remuneraciones en planes de salud y pueden elegir entre hacerlo en el sistema público, el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) o en el privado, sustentado por las Instituciones de Salud Previsional (Isapres). 14 millones de personas están afiliados al sistema de Fonasa, muy criticado por los pacientes por la mala atención en los hospitales, largas esperas para exámenes de enfermos graves, y las malas condiciones de los establecimientos sanitarios.

Las Isapres cubren solo a las personas de mayores ingresos.

Además del alza en los boletos del transporte, los ciudadanos viven con indignación un aumento del 10 por ciento en las cuentas de la luz y pagan precios desorbitados por los medicamentos. La corrupción en la élite del país tambien es fuertemente criticada. En los últimos años se han destapado millonarios casos de corrupción en los altos mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Entonces, no eran 30 pesos, sino 30 años de injusticias sociales, desigualdad y abusos. Por lo pronto, solo parece haber dos soluciones posibles: o el presidente Piñera se abre a crear un pacto social verdadero, con la sociedad civil, que incluya una nueva Constitución para el país o abandona su cargo para llevar adelante nuevas elecciones. Eso es al menos lo que gritan las protestas. Cualquier otra medida sería provisoria y puede venir otro estallido social, incluso más violento.