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Sequías e inundaciones en Latinoamérica

Los estragos del cambio climático no solo se han vuelto dramáticos en Australia, donde las temperaturas superan los 42 grados de calor todos los días, y se han quemado millones de hectáreas. Ahora son visibles en América Latina con inundaciones e interminables lluvias en algunos países, y largos periodos de sequía sin precedentes, en otros.

La laguna Aculeo, a 70 kilómetros al sur de Santiago de Chile


La temperatura de la tierra ha aumentado en 1,1 grados Celsius y no deja de subir desde el 2015. Se cree que vamos en camino de los registros mas altos que se conozcan, según los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicados esta semana.


Seguimos emitiendo más dióxido de carbono del que deberíamos. Como ejemplo, en 2018 su concentración en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico: 407,8 partes por millón. Este gas es capaz de permanecer allí durante siglos, y el que está en los océanos aún más, “perpetuando” así el calentamiento global, según la OMM.


Uno de los efectos del calentamiento global que ya se puede notar en Latinoamérica, son las inundaciones. No son fenómenos nuevos en esa región. Entre 1970 y el 2013, constituyeron el desastre natural más frecuente, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).


Ahora los expertos advierten que cada vez serán más usuales e intensas. Países como Uruguay y Argentina, vivieron fuertes lluvias en enero del año pasado, con daños avaluados en 2.500 millones de dólares, según la OMM.


Ese mes, ciudades como Resistencia, la capital de la provincia del Chaco, en Argentina, batieron récord de lluvias con 556,8 milímetros, algo nunca visto en esa región. Centenares de personas tuvieron que ser evacuadas y el 90 por ciento de la localidad acabó inundada. En Uruguay, más de 5.000 personas también tuvieron que dejar sus casas por las fuertes lluvias.


Un mes después, le llegó el turno a Perú, donde las autoridades declararon a un tercio de los distritos del país en emergencia ante los daños que dejaron las inundaciones y los deslizamientos de tierras.


Mientras en algunas áreas llueve a cántaros, en otras, muchas veces del mismo país, pasa lo contrario: sequías. Uno de los ejemplos más claros es Chile, donde antes de las protestas era otro el tema que ocupaba las portadas de los periódicos cada semana: la megasequía que el país arrastra tras una década de escasez de lluvias.

Chile vive su peor crisis hídrica de los últimos 50 años, según las autoridades. Una situación grave que afecta a siete de sus 16 regiones, donde varios sistemas de riego colapsaron y más de 30.000 animales han muerto. La laguna Aculeo, a 70 kilómetros al sur de Santiago, un antiguo lugar de atracción turística, es hoy uno de los símbolos de la sequía. No tiene agua y los botes quedaron encima enterrados en el barro.


La laguna Aculeo, a 70 kilómetros al sur de Santiago de Chile


Es brutal, más de la mitad del país fue declarada en emergencia hídrica y hay zonas completas que dependen de que las autoridades les envíen un camión con agua. La Oficina de Cambio Climático de Chile calcula que las precipitaciones se han reducido en un promedio de 23 milímetros por década y un 25 por ciento de la responsabilidad de este fenómeno se debe al cambio climático causado por el hombre.


Hay que sumar, en todo caso, el mal manejo de los recursos del agua, cuyo uso se prioriza para una agricultura “no sostenible” y para los grandes terratenientes y empresarios. No se está garantizando que el agua sea primero para las personas, un derecho para todos, sostuvo Florencia Ortúzar, abogada del Programa de Cambio Climático para la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), en una entrevista con BBC Mundo.


Pero no solo Chile vive un estrés hídrico. Otra zona especialmente vulnerable al cambio climático que ya está sufriendo sus consecuencias es Centroamérica. El llamado Corredor Seco es un área costera aledaña al Océano Pacífico, donde vive el 90 por ciento de la población de Centroamérica. Se extiende a lo largo de 1.600 kilómetros desde Chiapas en México, pasando por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, y parte de Costa Rica hasta llegar a Panamá.


Allí no solo ocurren sequías más prolongadas de lo usual, sino también lluvias torrenciales, que ya están están arruinando las cosechas. Estos fenómenos complejos contribuyen a crear las condiciones apropiadas para que sus impactos sean desastrosos, apareciendo los huracanes. El incremento de las temperaturas de los océanos y la subida de los niveles del mar, llevan a prever que todos estos fenómenos climáticos serán en 2020 más fuertes y devastadores.