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No más injerencia militar en Libia

Los aliados internacionales del gobierno de Libia, respaldados por las fuerzas rebeldes de ese país, acordaron un alto al fuego permanente y el embargo de armas que había ordenado las Naciones Unidas. El documento insta a las partes a una “suspensión sostenida de las hostilidades” y exige pasos “creíbles y verificables” para detener la violenta guerra civil y el caos que sufre el país norafricano desde 2011.

La lucha por los recursos naturales es la verdadera causa de que Libia se encuentre aún sumergida en una guerra. La lucha es por repartirse los beneficios que reporta la venta de petroleo y del agua.


Libia vive una profunda crisis ante la proliferación de grupos yihadistas y una dualidad de poderes. No se ha podido frenar la injerencia militar y política de potencias extranjeras, en este polvorín que “podría convertirse en una nueva Siria”, según dijo la primera ministro alemana, Angela Merkel, al finalizar la reunión celebrada en Berlín.


Asistieron también El primer ministro ruso, Vladímir Putin, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el primer ministro italiano Giuseppe Conte, Ursula von der Leyen y Josep Borrell, por la Unión Europea, Mike Pompeo de Estados Unidos y Ghassan Salamé de la ONU.


El texto negociado contempla, entre otras cosas, en su punto seis, textualmente. “nos comprometemos a abstenernos de interferir en el conflicto armado de Libia y exigimos a todos los actores internacionales que hagan lo mismo”. Sin lugar a dudas, es lo más importante para detener la cruenta guerra.



Libia no ha podido recuperar su estabilidad tras la caída del dictador Muamar el Gadafi en 2011 y desde hace nueve meses, los combates entre los grupos armados han cobrado una nueva intensidad, en un país en que reina el desgobierno. Los traficantes de armas y de personas han sabido aprovechar el caos y han convertido al país africano en plataforma de partida en el Mediterráneo, con destino a Europa.


Cuatro fuerzas paramilitares se reparten el control de la seguridad en la capital libia. Existe el Batallón Revolucionario de Trípoli, comandado por Haitan Al Tayuri y el Octavo Batallón, también conocido como Nawasi. Todas son aliadas del gobierno de unidad, apoyado por la ONU. Frente a ellas, Jalifa Hafter, el hombre fuerte del este del país, el mariscal que asedia Trípoli desde el pasado 4 de abril del 2019.


En el documento que firmaron los líderes europeos, Estados Unidos y Rusia se establece con claridad que el petroleo libio pertenece a Libia y que la Compañía Nacional Petrolera de Libia, es la única legítima propietaria del crudo, en el territorio nacional.