Temas y Reportajes

Esta mañana cuando salí de casa no había nieve en mi rostro y ni el frío era intenso. Estocolmo mostraba uno de los amaneceres más hermosos que recuerdo haber visto desde que vivo aquí.


Pero hace 30 años, un 9 de noviembre no fue así. Aquel, fue un día muy frío, pero para muchos el más feliz de sus vidas porque cayó el muro de Berlín; una pared que cambió la vida de millones de personas en un suceso que pasa por ser uno de los más crueles en la historia de la humanidad. 


La historia lo ha recogido en sus páginas y la televisión lo ha contado a los que entonces no estaban, pero mi reportaje recoge el testimonio de alguien que lo vivió en primera persona. La triste historia de una mujer, Sarah, que conocí personalmente y a la que el muro separó 28 años de sus hijos y para siempre de su marido.



En 2007 estuve en Berlín de visita y Sarah, una mujer amable y dulce de 61 años, era nuestra guía turística en el autobús que nos paseaba por la ciudad. “La torre de Televisión de Berlín –nos contaba- fue el símbolo que le recordaba a los berlineses de lado capitalista que la Alemania comunista también progresaba”

Sarah conocía Berlín como la palma de su mano y nos contaba de memoria, con denuedo y con datos exactos la historia de la ciudad, pero cuando paramos y atravesamos como todo turista que va a Berlín, la Puerta de Brandemburgo, Sarah calló. Tragó en seco y una lágrima humedeció sus ojos. Entonces, nos pidió disculpas y nos contó atravesaba esa puerta dos veces al día, pero que esto le ocurría cada vez.

Hace 18 años, una cosa tan fácil como atravesar la puerta, no era posible, nos contó. Yo era una mujer feliz, tenía mi marido y dos hijos, teníamos un hermoso apartamento en Alexander plats y una mañana de agosto de 1961 me fui a la oficina a trabajar. Mi esposo estaba con gripe y mis hijos de vacaciones del colegio, así es que todos quedaron en casa. Pero, cuando regresaba del trabajo, el tren del metro paró y nos dijeron que teníamos que salir.

Un reportaje de Jorge Gonzalez Reymond.