Temas y Reportajes 

Cataluña vista con el prisma de la historia: Lo que nos enseña la disolución de la Unión Suecia-Noruega

La revista Sueca Historia Popular, publicó el cuatro de abril de 2006, un artículo que reproduce en su último boletín digital, su título es Norsk kupp spräckte unionen, que podríamos traducir como “Golpe noruego rompió la unión”. A todas luces se trata de un precedente a tomar en cuenta a la hora de entender el proceso secesionista que de desarrolla en Cataluña en estos momentos.

El autor, Torbjörn Nilsson, narra desde su punto de vista, las razones y el modo en que el que entonces rey sueco, Oscar II perdió su corona noruega el 26 de octubre de 1905. La unión de Suecia con Noruega, que creara el abuelo Karl XIV Johan, finalmente había terminado. 

Antes de continuar hagamos un poco de historia, una historia incómoda en tanto muestra la traición que permitió la sobrevivencia de la dinastía hoy regente en Suecia y que no se diferencia mucho de las que en diferentes etapas de su existencia ha tenido que cometer la borbónica en España.

Todo comienza Jean-Baptiste Bernadotte. Nacido el 26 de enero de 1763 en Pau, territorio vasco de la actual Francia, cuyo moreno cabello no deja lugar a dudas de su ascendencia vascona), un militar antiguo militar napoleónico, que el 16 de agosto de 1798 se casó con Désirée Clary (1777-1860), hermana de la esposa de José I Bonaparte, Julia Clary y ex amante del propio Napoleón.

En 1808, como gobernador de los pueblos hanseáticos, encabezó una expedición contra Suecia, a través de Dinamarca, la cual fracasa en buena medida por la insubordinación del poderoso contingente de españoles que le acompañaban, ocurría que acababa de estallar la debido a la guerra independentista contra Francia y el monarca impuesto a España por esta el cuñado de Bernardotte y los hispanos tomaron partido por los suyos.

 

De todos modos, esta pretensión ha sido revalorada por la historiografía sueca, destacando el buen trato dado a los prisioneros suecos por el oficial francés durante la última guerra con Dinamarca, dueña entre otros territorios de Noruega, esta benevolencia, en teoría habría creado muy buena fama al francés y es así que cuando el ejército sueco, más temeroso de Rusia, su enemigo histórico que, de Francia, decide crear una alianza con la segunda y regalar el trono de su país a un candidato francés será Bernardotte el que se convierte en heredero a la corona, siendo adoptado por el rey Carlos XIII bajo el nombre de Carlos Juan como una suerte de principal que de hecho se convertirá en el hombre fuerte del Reino.

La esperanza original era que el mariscal rey ayudara a reconquistar los territorios orientales perdidos por Suecia a manos de Rusia. Con lo que nadie contaba era conque el nuevo príncipe terminaría siendo comprado por los ingleses, convirtiendo Suecia en 1813 en aliada de Gran Bretaña y Prusia, los enemigos de su país de origen, ahora la nueva estrategia será la de destruir Dinamarca y apoderarse de Noruega, en lugar de la añorada Finlandia. Esto se consigue en 1814, cuando la derrota de Napoleón significa también la de Dinamarca, lo que obliga al rey danés Federico VI a firmar el Tratado de Kiel el 14 de enero de ese año, por el cual Noruega era cedida a Suecia.

Pero la cosa no sería tan fácil, como virrey de Noruega estaba Cristián Federico, príncipe heredero de Dinamarca y Noruega y primo del propio Federico VI. Bajo este virrey se intentará un movimiento independentista que nombra a Cristián Federico como monarca el 22 de mayo. El 26 de julio tropas de Suecia, en lo que se considera la última guerra librada por ese país invaden noruega, consiguiendo imponer la anexión del territorio vecino el 14 de agosto de 1814 con la llamada Convención de Moss, con la que finaliza a la guerra.

 

Cristian Federico abdica la corona, y el 14 de noviembre, el Storting eligió como nuevo rey a Carlos XIII de Suecia. Y será que tras la muerte del tal Carlos XIII, que el antiguo oficial napoleónico, Jean-Baptiste Bernadotte, responsable principal de lo que eufemísticamente se denomina la Unión asumirá la corona sueca como Carlos XIV Juan, el 5 de febrero de 1818 y la de Noruega el cómo Carlos III.

Viajemos hacia el futuro, a principios de siglo XX y reconstruyamos como se da la independencia noruega con ayuda de la información que nos ofrece el artículo de Historia Popular. Por el aprendemos que como en el caso de Cataluña los pasos decisivos hacia la disolución de la unión se dieron en los pasillos del gobierno regional, es decir “noruego” y su parlamento, lo que no vamos a haber es el vandalismo que hoy lucen los sediciosos catalanes, como acompañamiento del “proces” iniciado por sus políticos locales, aquel de Noruega fue un proceso muy nórdico, aunque no menos dramático.

En la primavera de 1905, el parlamento noruego sanciona una propuesta del gobierno regional para establecer a Noruega como consulado separado de Suecia. Por su parte el Rey Oscar II se negó a aprobar tal decisión. La respuesta del gobierno noruego fue la de renunciar. El rey no aceptó el chantaje de que “ahora no podía formar un nuevo gobierno”.

 

La respuesta del parlamento noruego no se hizo esperar el 7 de junio, lanzaba una declaración en la que afirmaba que ya que el rey no podía formar un gobierno noruego (se eliminó la palabra “ahora”), la unión había dejado de existir. Así como por un acto de magia la famosa Unión desaparecería. Y si bien la acción proporcionó una cierta base legal para la proclamada independencia de Noruega, entonces tanto en Suecia como en el extranjero se consideró un golpe de estado. Lo que no ocurre ahora cuando los medios europeos y particularmente los suecos, hacen cada vez que abordan el tema catalán, más centrado en los presuntos excesos de la policía española y derechos violados de los catalanes, así es la historia.

 

No era que Oscar II fuera del todo ajeno al proceso que se gestaba de disolución de la Unión, solo que esperaba que ocurriera solo después de su muerte, escribe Torbjörn Nilsson.

 

El parlamento intentó suavizar el tema proponiendo que el nuevo reino independiente llevara en su trono a un Bernadotte, evidentemente se olvidaban no solo de lo peligrosa que era esta dinastía sino del caso de los Borbones “españoles” que habían terminado convirtiendo a España en una suerte de satélite francés, lo mismo bajo el reino de sus primos que bajo el imperio de Bonaparte.

 

Tampoco parece haberse percataron de esta posibilidad los gobernantes suecos, quienes interpretaron como insulto la oferta del Storting de que el trono noruego podría ser asumido por un príncipe de la familia de Bernadotte. Ante la propuesta la declaración del rey sueco sería la siguiente, “Antes de que me lleven a la iglesia de Riddarholm (cementerio de reyes suecos), que dar mi consentimiento para que uno de mi familia vaya a Noruega”, declaró el monarca sueco.

 

Aceptar la oferta equivaldría a aceptar la provisionalidad de la condición del rey, algo en lo que ni la majestad ni los políticos podrían estar de acuerdo, para descender de uno de los participantes en la revolución que marcó con la guillotina la naturaleza temporal de la realeza, me resulta un tanto extrema tal declaración de Oscar es como si echara más leña al fuego de la separación en lugar de aceptar del lobo un pelo. Se consideró que Noruega no tenía derecho a terminar la Unión por su cuenta y que la negociación era la única manera de romper los tratados de 1815 que regulaba la relación entre los países, lo cual desde mi punto de vista no deja de resultar bastante civilizado si timamos en cuenta otras experiencias de secesionismo como la que llevó a la guerra civil norteamericana desencadenada en 1861, tras la decisión de los estados del sur de separarse de la unión, o la propia guerra de Cuba iniciada por el partido separatista en 1895.

 La acción noruega también causó revuelo, entre los patriotas suecos, similar al que tiene lugar entre los integristas españoles de hoy en día, entre el público sueco, al día siguiente de la propuesta independentistas desfiló una gran procesión frente al Rosendal , el castillo de verano de la familia real en Djurgården en Estocolmo, de manera bien organizada, como suelen ser las demostraciones conservadora, marcharon unos diez mil participantes cantando himnos patrióticos ante un rey conmovido que aceptaba el homenaje en compañía de otros miembros de la familia real, recibió el tren.

Oscar II habla desde el castillo de Rosendal en Estocolmo en relación con la crisis de la Unión de 1905. © El Museo Nórdico

 La acción noruega también causó revuelo, entre los patriotas suecos, similar al que tiene lugar entre los integristas españoles de hoy en día, entre el público sueco, al día siguiente de la propuesta independentistas desfiló una gran procesión frente al Rosendal , el castillo de verano de la familia real en Djurgården en Estocolmo, de manera bien organizada, como suelen ser las demostraciones conservadora, marcharon unos diez mil participantes cantando himnos patrióticos ante un rey conmovido que aceptaba el homenaje en compañía de otros miembros de la familia real, recibió el tren.

Homenajes espontáneos al rey también estallaron en los restaurantes de la ciudad, e incontables telegramas de apoyo fueron enviados a Oscar II por parte de asociaciones e individuos. El autor del artículo cita como ejemplo uno enviado desde de Uppsala el 11 de junio por Setecientos niños de escuela dominical reunidos con sus familiares para la fiesta de verano. Otro vendría de Askersund el 10 de junio, donde 500 ciudadanos suecos se reunieron para una “para expresar su protesta contra Noruega las actividades criminales del Storting “, exactamente como hoy pasa en España, lástima que tales acciones pacificas no sirvieron de nada. Tomen nota mis amables lectores españoles.

Y es que como en el caso de las independencias hispanoamericanas el enemigo ya estaba dentro, incluso con el mismo nombre nacido de la denominación recibida por poco más de un siglo atrás por los anglófilos españoles “liberales” que gran casualidad.

 

Resulta que los liberales suecos, como hicieron los de España en su momento, simpatizaban con las exigencias independentistas, lo único que no aprobaban era su carácter Aftonbladet catalogaba los acontecimientos de “Revolución en Noruega”.

Por su parte “El socialdemócrata”  -periódico con otra ideología fomentada desde Inglaterra para manipular en su favor a los países de Europa-, titulaba: “La Unión disuelta – Noruega libre”,  y es que dentro del movimiento laboral, manejados por los herederos de Marx había una fuerte opinión de aceptar la independencia de Noruega sin condiciones.


Hay que reconocer que los socialistas sueco superaron en entreguismo a sus camaradas del PSOE.  Aunque para ser justo la posición del socialismo español ante la separación de Cuba había sido más sibilina, boicoteando la lucha contra los insurrectos cubanos primero con consignas abstractamente pacifistas, y denuncian los efectos

 

El primer ministro noruego, Christian Michelsen, lee la Declaración de Independencia en el Storting de junio de 1905. Fotografía en color.

de la guerra en los obreros, luego atacando el concepto de patria (siempre que se refiriera a la española) como un velo que cubría intereses de los más poderosos, aunque reconociendo al menos que aquella era una guerra de burgueses contra burgueses, explotadores ambos de los trabajadores, tanto de España como de Cuba.

Lo peor fue cuando hace su entrada esa marioneta del imperialismo británico en la que para entonces ya se habían convertido los Estados Unidos. En su propaganda no será la nación norteamericana la responsable de la guerra entre las dos potencias una emergente y otra decadente sino el sistema político establecido tras la Restauración. De paso la rebelión de los separatistas cubanos dejó de verse como una lucha entre burgueses sino como consecuencia de la explotación que sufrían a manos de España mayor legitimidad no se le podía ofrecer a quienes desde adentro y fuera de la provincia ultramarina lo apostaban todo por arrancársela a España. Algo muy similar, aunque de manera incruenta observaremos en la zona occidental, la más cercana a Inglaterra de Escandinavia.

No es que del lado sueco no hubiera personalidades con posiciones más o menos duras frente al desastre que amenaza la unión, tenemos por ejemplo el caso del prestigioso profesor de ciencias políticas Carl-Axel Reuterskiöld, quien llegó a abogar, aunque desde una posición un tanto sinuosa por la única solución posible al conflicto regional, la de la guerra.

Reuterskiöld en alianza con su colega el Profesor Rudolf Kjellén, se pronunció muy críticamente con las demandas noruega y abogó en el Aftonblad Gotemburgo por imponer condiciones inaceptables por los vecinos des unionistas, por ejemplo, que Noruega a cambo de su independencia renunciar a Trondheim y el norte país, así como que fiera desarmada y neutralizado. Esperaba que esta provocación impulsara a los noruegos a empuñar las armas contra Suecia y esto justificaría la deseada guerra a los separatistas quedando los noruegos como los atacantes.

Otro militante de la intransigencia sueca fue el escritor Sven Lidman, quien escribirá en 1910 la novela Thure-Gabriel Silfverståhl, en ella un teniente desilusionado con la solución dada al conflicto planea asesinar a Oscar II, tema que despertó gran entusiasmo en el público, la novela ha sido catalogada de dar una imagen tendenciosa sobre el modo en que se dio la separación noruego sueca, pero no deja de dar una imagen del Rey sueco del momento que recuerda a la que tienen los críticos actuales de la pasividad con la que el actual rey de España es Felipe de Borbón y Grecia, enfrenta a los des unionistas catalanes.

Otro epítome integrista fue el filósofo Vitalis Norström, quien en 1905 escribió a su pariente político Adrián Molino: una nota destacando en modo en que el 7 de junio se algo se había roto en pedazos, era la autoridad del rey. Así ponía en evidencia las grietas del estado sueco que ya existían desde hacía tiempo. Lo mismo podría escribirse hoy del estado español.
Al final la casa real, liberales y la mayoría de los conservadores se tranzó por la solución pacífica, es decir la de ceder a las demandas independentistas noruegas, pero guardando las formas, algo muy sueco, por cierto. La decisión del Storting se consideró ilegal: pero se aceptó que la cuestión fuera decidida por un parlamento recién elegido o por un referéndum (que va a ser de solo para noruegos). A partir de entonces, las negociaciones podrían comenzar.

Clave para la victoria de la línea de negociación radica en el discurso altamente ambiguo del conservador de Ernst Trygger. No tenía sentimientos amistosos por los noruegos, pero ante la pregunta de si valía la pena arriesgar la calma en Escandinavia en el futuro o buscar la paz y la confianza entre los países. Su punto fue que “los intereses vivos de Suecia exigen que nuestra esperanza para el futuro se satisfaga con unidad y confianza entre los dos pueblos”.

Hablaba de dos pueblos por ciertos cuyos idiomas se parecen tanto como los dialectos de una misma lengua, con una religión y una historia tan compartida que uno se pregunta hasta qué punto vale hablar de otra diferencia que no sea la que se inventa desde la política, esa es mi modesta opinión.

El caso es que tras un referéndum noruego que ratificó las acciones separatistas del Storting con una abrumadora mayoría (368,208 votaron a favor de la resolución, 184 en contra), las negociaciones comenzarían el 31 de agosto de 1905, en Karlstad, a medio camino entre Estocolmo y Kristiania. La delegación sueca incluyó a Christian Lundeberg, primer ministro conservador en el gobierno unificador establecido el 2 de agosto, al ministro de Relaciones Exteriores Fredrik Wachtmeister, el ministro eclesiástico Hjalmar Hammarskjöld y el primer ministro consultivo, líder liberal Karl Staaff. El líder del lado noruego fue Christian Michelsen, también primer ministro en un gobierno de coalición.

Ahora viene lo mejor, a que no adivina el lector en donde se celebrarían las negociaciones. Pues donde iba a ser entre los muros de la secta de donde se vienen inventado separatismo y revoluciones desde hace más de dos siglos; en la Logia Masónica de la ciudad. Y que nadie me acuse de conspiranóico que esto es lo que escribe el propio Torbjörn Nilsson, y si él lo dice será verdad.

Y fue de ese modo que los noruegos pudieron depararse en paz de los suecos, gracias a la generosa hospitalidad de los hermanos masones, los mismos que dejaron que los americanos se apoderaran de toda Cuba, tras haber sido batidos en toda la isla, salvo en el caso de Santiago de Cuba, la única ciudad que pudieron tomar y eso gracias al respaldo de los separatistas. Y fue en tan significativo local perteneciente a la fraternidad secreta, según ella misma “discreta” que se discutieron los asuntos de le separación, entre ellos dos cuestiones principales, dice el historiador, la del pastoreo de renos y las fortalezas fronterizas noruegas. En ambos casos, se trataba de una mezcla de intereses estratégicos económicos o de defensa reales y prestigio nacional.

La cuestión del pastoreo de renos se resolvió permitiendo que los samis en Suecia y Noruega conservaran sus antiguos derechos en el otro reino. Por lo tanto, las áreas de pastoreo de renos Sami suecos se salvaron en el lado noruego.

Las negociaciones  sueco-noruegas en Karlstad en 1905. Sentado segundo desde la izquierda está el primer ministro sueco Christian Lundeberg. A su derecha está su homólogo noruego, Christian Michelsen. © El Museo Nórdico

El tema de Las fortalezas fronterizas fue un hueso más difícil de roer. Las negociaciones se suspendieron por un tiempo para que las partes discutieran el tema en casa. Las tensiones militares que existieron entonces podrían haber llevado a acciones de guerra, pero la sangre no llegó al Río.

 

Al final, se llegó a un acuerdo. Las fortalezas de Örje, Urskog y los nuevos fuertes en Fredriksten serían demolidos (se conservaba el antiguo edificio de la fortaleza). En el caso de Kongsvinger mantendría el fuerte, pero se prohibió toda ampliación del mismo.

 

Además, dice el artículo, se estableció una zona neutral que no podía utilizarse con fines militares. Cualquier disputa se resolvería con arbitraje internacional nos informa Historia Popular.

Soldados noruegos en un puesto fronterizo contra Suecia en 1905. Incorporado: una postal noruega de 1905 con una solicitud para votar sí a la independencia.

EN RESUMEN

 

Como conclusión podemos considerar la Convención celebrada de Karlstad el 23 de septiembre, como un compromiso en el que los conservadores suecos renunciado demasiado.

 

Los responsables políticos de tal abdicación serían, consecutivamente Erik Gustaf Bernhard Boström, primer ministro 1891-1900 y 1902-1905, Johan Olof Ramstedt primer ministro de su país entre el 14 de abril y el 2 de agosto de 1905 y su sucesor el líder conservador, Christian Lundeberg, primer ministro de su país entre el 2 de agosto y el 7 de noviembre de 1905.

 

Fue bajo el gobierno de Boström que estalla el tema del independentismo noruego y la demanda de crear un consulado en aquella parte de la Unión, estas exigencias cada vez más crecientes son las que provocan la cauda de este Primer Ministro, obligando a Boström a renunciar, a favor Johan Ramstedt en abril de 1905. Sin embargo, la incapacidad de Ramstedt para resolver el problema no serán menor que la de su antecesor y también renuncia cuando estalla la crisis de la unión en 1905 siendo sucedido por Ramstedt en el cargo. Será este primer ministro quien junto al príncipe heredero Gustavo, diseñarán el plan en que se permitía a los noruegos dejar la Unión, con la advertencia de que debían hacerlo sin la participación del Parlamento de Noruega. Sin embargo, el plan nunca llegó a realizarse. El Parlamento noruego de manera similar a lo que intentaron los catalanes, disolvió unilateralmente la Unión el 7 de junio. El gobierno de Ramstedt hizo una propuesta al Parlamento sueco, según la cual el mismo debía conceder al gobierno poderes no para aplastar a los independentistas sino para negociar los términos de la disolución de la Unión con los noruegos. Sin embargo, un Comité secreto presidido por el líder proteccionista de la Primera Cámara Christian Lundeberg rechazó la proposición del gobierno, lo que llevó a la renuncia de Ramstedt junto a todo su gabinete.

 

Sin embargo Lundeberg no lo hará mucho mejor, la figura destacada durante las discusiones parlamentarias acerca de la ruptura de unión entre Suecia y Noruega y que había sido tan crítico con el gobierno de Johan Ramstedt, y provocó la dimisión de éste, será el mismo que una vez al frente de una coalición de gobierno permita a los noruegos realizar el referéndum que como ya vimos legitimó su independencia de Suecia, caiga sobre ellos la misma mancha que a Práxedes Mariano Mateo-Sagasta y Escolar, aquel que fuera gran Maestro masón del Grande Oriente de España (1876-1881), miembro del partido Liberal-progresista, cargado de medallas, entre ellas, no podía faltar, la de Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, y bajo cuyo gobierno se desprendieron lo territorios ultramarinos de su patria Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.

 

Aunque puestos a ser independizados por la fuerza, ojalá a los cubanos separatistas les hubieran hecho una propuesta semejante a la de sus hermanos noruegos, la cantidad de muertos que nos habríamos ahorrado sería tremenda, aunque la culpa también fue de ellos, por optar por la opción armada cuando ya se podía abogar por la independencia de manera pacífica, que fue lo que hicieron los noruegos separatistas. En ese aspecto los catalanes, por muy avisas que fueran las fuerzas que les mueven, CDR aparte lo están haciendo un poco mejor. En cuanto a los españoles que les gobierna, después de conocer esta historia, no queda otra conclusión, nunca mejor dicha, que la de que se están haciendo los suecos, como si en lugar de aprender, les gustara repetir la historia, no como comedia a decir de Marx, sino como tragedia que es lo que suele pasar.

Un ensayo de 

Carlos Manuel Estefanía Aulet